miércoles, 11 de diciembre de 2013

Chicago

Hola P.,

¿Sabías que puede existir humanidad rodeado de torres de 50 pisos? ¿Sabías que Picasso expone en la calle? Todo ocurre en la ciudad ventosa, en Chicago. Ventosa por las ráfagas de los mafiosos aunque cuando le da al viento por soplar no es moco de pavo. La brisa es agradable desde la noria del Navy Pier. Contemplamos el skyline de Chicago con la torre Sears al fondo. La más alta de EEUU. Y el Aon Center que es identica a la torre Picasso de Madrid solo que al estilo de Chicago: más grande. Tambien es interesante la torre John Hancock. Tanto la torre Hancock como la Sears tienen miradores en lo más alto de la torre.

La arquitectura manda en Chicago. A unas paradas del Loop por la linea roja o verde, un poco mas al sur de Chinatown, en un barrio no muy bueno (vamos que es muy malo) y cerca del estadio de los White Sox, se encuentra el IIT (Ilinois Institute of Technology) donde se pueden ver las obras que Mies Van der Rohe y sus discipulos construyeron para esta institución académica. Es visitable pero no es recomendable salir del campus y menos por la noche. El metro hasta el campus (estación 35-Bronzeville-IIT que tras la reciente reforma es una estación espectacular) y de vuelta. Un barrio (en realidad es un pueblo en si mismo) bastante más tranquilo es Oak Park en el que dejó su huella el otro gran arquitecto que actuó en Chicago: Frank Lloyd Wright. En Oak Park se puede ver algún otro de sus diseños de casas individuales (incluyendo la suya que está abierta a visitas) y el Unity Temple. Wright no solo diseñaba los edificios sino también una buena parte de los muebles que, de esa manera, se amoldan al edificio de una manera especial. Hasta Oak Park se puede llegar por las líneas verde y azul del metro.

Pero no todo es arquitectura en Chicago. 40 museos, maravillosos parques y una playa que da al lago Michigan donde en cuanto aparecen los rayos del sol la gente corre a ver si agarra un morenito interesante. Destaca el Art Institute y la escultura de Picasso en todo el centro del Loop, el centro financiero de la ciudad. Es fácil pasarse horas en sus parques (si no se va en invierno) y sus museos no se pueden ver en menos de tres días.

Es casi obligatorio, si se visita Chicago entre marzo y septiembre, acercarse a ver un partido de los Chicago Cubs en Wrigley Field. El histórico campo de los Cubs fue construido en 1914 y mantiene buena parte de su encanto.

A la hora de comer Chicago ofrece de todo. Pero ciertas cosas no se pueden dejar pasar. Cenar una noche en Pizzería Uno, el primer establecimiento de una cadena llamada Uno Chicago Grill, o en Pizzería Due, el segundo de la cadena. Ambos están localizados en el centro de Chicago (29 East Ohio y 619 North Wabash Avenue respectivamente). En estos centros lo suyo es pedir una pizza al estilo de Chicago, las Deep Dish Pizzas. Unas pizzas cuyo lateral sube como si se tratara de un plato y, así, le permite tener muchísimas más cantidades de relleno. A la hora de comer, que en EEUU es antes que en España, podemos acercarnos al piso 95 de la torre Hancock donde podemos encontrar un buffet por un precio aceptable ($28 mas bebidas, ha subido bastante, en 2004 eran $15) con unas vistas que vale cada euro que te gastas. Si pensamos que subir un piso mas arriba al observatorio cuesta $10,25 nos daremos cuenta que el precio del buffet es una ganga. Por último, y si estamos en Chicago a finales de Junio/principios de Julio, deberíamos visitar el festival Taste of Chicago. Un festival gastronómico absolutamente imprescindible. A este festival acuden más de 60 restaurantes de la ciudad para ofrecer sus platos en el maravilloso Grant Park.

Chicago es una ciudad con alma de megapolis y de pueblo del mediano oeste americano. El dinamismo de Nueva York con el encanto de un pequeño pueblo de Wisconsin. Y el frío de este último en Invierno así que mejor si puedes visitarla en primavera o principio del Otoño. Incluso verano pero en Invierno tendrás días en los que te quedes en el hotel. Y será una pena.

A.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

PRAGA. Rojo sobre fondo negro.

Hola, bruji,

la ciudad vieja de Praga, la interesante, desde un punto alto, por ejemplo alguna de las torres que salpican la ciudad, es algo así como un mar de color rojo, por la vivacidad de sus tejados sobre un fondo negro, pues negras son las miles de callejuelas estrechas, y oscuras que lo conforman. Negro también es su caótico y laberíntico barrio judío (y negro me pone a mí que cobren entrada por entrar en su caótico antiguo cementerio) pero teñido de rojo por la mucha sangre vertida en la II Guerra Mundial. Negro el café que te ponen en las terrazas frente al famoso reloj astronómico al lado de la plaza de la ciudad vieja, y rojo de ira como te quedas cuando te cobran cerca de 10€ por él en un país con una renta per-cápita bastante baja. Además tanto el rojo como el negro en todos los casos cobran más intensidad por ese cielo casi eternamente lleno de nubarrones negros, lo que hay que reconocer que le da a la ciudad muchísimo más encanto.

Aunque no sea negra, en Praga tienes que disfrutar de una buena cerveza, de hecho es la patria de las cervezas tipo pilsen, eso sí, salte del centro más turístico y busca una tasca o un restaurante de los que hay cruzando cualquiera de los dieciocho puentes que nos llevan a la otra orilla de ese Moldava al que con tan buen gusto recreó musicalmente Bedrich Smetana (impresionante el “Puente de Carlos”), allí no encontraremos mucha amabilidad (bueno, en ningún lugar de Praga), pero si cerveza y comida a precios razonables, más o menos como los de España, aunque, como norma general, la hostelería es cara y desplumar al turista es casi el deporte nacional. De todos modos para comer bien y barato, la comida nacional son los perritos calientes, sobre todo los de salchichas gigantes, y para degustarlos hay miles de puestos por la calle.

En ese mismo lado del río donde hay más bares, por cierto el barrio, que es un pequeño laberinto muy romántico de cuestas empinadas y estrechas, pero con rincones de muchísimo encanto, se llama Malá Strana, y subiéndolo hasta lo alto, después de patear un buen rato, nos llevará al castillo, precioso. Vistos el castillo y tomadas las cervezas, ya no hay nada más que hacer aquí, así que volveremos a cruzar el río por puente de Carlos, que mediada la tarde, cuando empieza a oscurecer, es todo un mundo, con sus muchos puestos de artesanía y con una miríada de artistas callejeros, así que nos podremos quedar por allí un muy buen rato, aunque nos puedan asustar un poco sus estatuas y su torre negra.

De vuelta en la ciudad vieja, es imprescindible ir a una sesión del mundialmente famoso Teatro Negro. Da igual la obra, simplemente quedaremos extasiados con la magia que rebosa la representación, donde no hace falta ni una sola palabra para contar una historia, y donde el ingenio está al orden del día.

Finalmente, siguiendo en la ciudad vieja, te queda por buscar un buen plano (te los venden, además caros, sin preguntarte si lo quieres en los puestos de cambio de moneda) para hacer una selección de monumentos a visitar, que tendrá que ser muy precisa porque hay censados unos dos mil... Y ¿la ciudad nueva? Pues como todas las ciudades nuevas, salvo algo de arquitectura contemporánea, nada que hacer.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Mi Buenos Aires querido…

Hola P.,
tienes que venirte ya a pasear por las calles de Buenos aires, como dice el genial Astor Piazzolla, en su tango “Balada para un loco”: “Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese que sé yo”. Pero así y todo intentare describirte mí, ahora, amada Buenos Aires.

La ciudad esta levantada a espaldas del Río de la Plata, esta de más decir que es hermosa la ciudad, capital de Argentina, tiene de todo y para todos. Tiene todo con lo que puede soñar un turista, si sos amante de la cultura podes visitar cientos de bellos museos como Bellas Artes o el Palias de Glace, ir a escuchar tango y por que no aprender Tango y sacarle viruta al piso como dicen los viejos maestros. Por la avenida Corrientes, una de las arterias de Buenos Aires, entre el mar de gente que camina por ahí los fines de semana, se pueden encontrar cientos de espectáculos y cientos de Teatros, desde teatro de Revista, con despampanantes mujeres y capo cómicos hasta grandes monólogos de humoristas conocidos pasando por el mejor teatro dramático. Pero esa no es la intención si pasas por Buenos Aires, si venís, es para divertirte y pasarla bien. ¡¡¡Se respira en el aire las buenas vibraciones, por algo de llama: Buenos Aires!!!

No podes dejar de disfrutar los manjares típicos que se comen acá, como las riquísimas empanadas, las deliciosas pizzas o sin dudas la comida mas rica y típica del País, los deliciosos asados, te aseguro que nunca comerás carne asada mas rica que acá, te lo aseguro y hasta te lo apuesto.

Pero sin dudas lo mejor del País son las mujeres, ah pequeño, porque acá se dice así, con ñ, si vieras las mujeres que hay y lo mejor es que las disfrutas por todos lados, rubias, morochas, pelirrojas, y no hace falta que sean modelos, la mujer Argentina es una de las mas lindas del mundo, y no lo digo yo, lo dice todo el mundo, así como las italianas, pero ese es otro tema.

Para pasear no puedes dejar de conocer San Telmo, el barrio mas antiguo de la ciudad, con casas viejas y de techos bajos, sus calles de adoquines, sus calles cortas y disparejas, se huele el tango en cada esquina, esta lleno de negocios de antigüedades, con viejas rocolas y discos de vinilo que ya no se encuentran. Y que libros se pueden encontrar si buscas bien!!! Originales de Borges y hasta del mismísimo Sábato. No te puedes perder la Iglesia Ortodoxa Rusa y el pasaje Defensa, que representa a la vieja Buenos Aires colonial. La virtud del barrio está en aquellos lugares tan interesantes que se descubren mientras se camina.

Así como puedes pasear por San Telmo, a pocas cuadras esta La Boca, barrio donde fue fundado el primer puerto de la ciudad, conocido entre otras cosas por la Calle Museo Caminito, los artistas en la calle, el Tango, el viejo riachuelo con algunos barcos todavía, el museo sobre la vida y obra de Quinquela Martin y sus famosos cuadros sobre los barcos que vio venir de Europa desde que era chico y como olvidarme de la bombonera, mítico estadio del club de fútbol de Boca Júnior, equipo conocido como “la mitad mas uno” dando a entender que la mayoría Argentina son de ese club. Te gusta el fútbol pequeño??? Porque acá se encuentra el fútbol en cada bar, en cada equina y en cada rincón, donde quiera que haya una televisión y haya un partido va a haber miles de personas mirando y comentando el partido y donde haya una pelota y un par de niños se arma un partidito de fútbol. Alguna vez, el famoso técnico de la Selección Argentina dijo: “Dirigir Argentina es difícil, son 37 millones de técnicos con los que se tiene que convivir día a día”.

Tantas cosas para hacer y a mi que se me acaban los días para pasear. Hoy, Recoleta. Uno de los barrios mas lindos y codiciados para vivir. Le debe el nombre al Convento de Padres Recoletos que luego se convirtió en un hospital de sangre, un cuartel y, por último, en un asilo de ancianos. Hoy alberga un centro cultural y está ubicada entre un complejo comercial de diseño y la iglesia Nuestra Señora Del Pilar. Contiguo a ésta, se halla el Cementerio de la Recoleta, considerado el más importante del país por la arquitectura de sus monumentos y bóvedas, más de setenta de las cuales han sido declaradas Monumento Histórico Nacional. Plaza Francia es su centro, una plaza enorme, con una feria artesanal bellísima, con bellos árboles, espectáculos de artistas callejeros, se puede escuchar un buen rock, o hasta jazz. Comer un rico pancho, hot dog como le dicen en Estados Unidos, o una manzana acaramelada con pochocho son típicos los puestos que se ven. Ya que estas por el Barrio te recomiendo que no te pierdas del Malba, museo de arte Latinoamericano.

Tantas cosas por hacer y se me acabaron los días, me falto por recorrer el centro y su famosísima calle Florida, la Catedral y la casa de Gobierno Rosada, Puerto Madero, sus restaurante y sus lujos de el barrio mas nuevo de la ciudad, Avenida de Mayo, la primera avenida de la ciudad con sus mágicas fachadas, donde atesoran historias y figuras importantes del pasado y Parque Lezama, historiadores suponen que este fue el lugar del primer asentamiento de la ciudad y tantas cosas mas.

Por ultimo, si llegas a venir a Buenos Aires, te acordaras y me agradecerás toda tu vida por los bellos momentos que seguro pasaras.
Fukerito.

lunes, 4 de noviembre de 2013

MARRAKECH. 1000+1

Hola, bruji,

Supongo que definir a Marrakech con el epíteto de 1000 más 1, cuanto menos te sorprenderá, pero es que recorrer los muchos rincones de esta ciudad es recorrer cada uno de los cuentos de las mil y una noches con toda su magia oriental, y esas noches no dejan de ser la sombra de esas mil y una palmeras que rodean esta ciudad con apariencia de un gran oasis.

El punto de partida y también centro neurálgico, aunque en Marrakech la palabra prisa no consta en ningún diccionario, es la mítica plaza de Djemmá el-Fná, y el primer contacto con ella podría ser uno de los restaurante-terraza que hay en ella, no son caros y esa vista desde arriba merece la pena, sobre todo la marea de gentes y el espectáculo multicolor que va cambiando en cada momento del día. Si la queremos ver en sito, veremos que por la mañana está llena de mil y un puestos de comida y de ricos zumos de naranja que exprimen delante de ti, de encantadores de serpientes que te ofrecerán por muy pocos dirhams la foto de tu vida con una peligrosa cobra colgada de tu cuello (si te niegas es probable que alguno de ellos, los hay, como en todas partes, con honradez limitada, te la pongan igual y te extorsionen pidiéndote algo de dinero por quitártela), aguadores, que son más atractivo turístico que saciadores de sed, y mil y un entretenimientos más. Según va pasando el día van desapareciendo los puestos de comida para dejar paso a músicos, saltimbanquis... que nos harán vivir un auténtico mercado medieval en pleno siglo XXI. Por la noche, vuelven a surgir los puestos de comidas con sus mil y un olores y ya desaparecerán las serpientes, en las horas de oscuridad muy peligrosas incluso para sus amos. Huelga decir que a las 5 de la tarde, sólo quedan turistas.

La plaza Djemmá el-Fná es prácticamente la puerta del zoco, mil y una callejuelas donde hay mil y una tiendas y donde nos perderemos mil y una veces si no vamos acompañados de alguien que nos guíe. Es un mundo aparte, calles muy estrechas, casi todas entoldadas para resistir el insoportable calor del día, y para poner farolas que iluminen la noche, es un mundo de mil y un colores, mil y un olores y mil y un sabores. Especias, madera tallada, alpaca o placa, ungüentos de belleza, alfombras, el inevitable cuero y todo ello artesano... como puedes ver, el zoco es algo así como un hipermercado medieval, pero nada impersonal como los hipermercados occidentales, es un mundo lleno de humanidad, donde la compra no es consumismo, es arte, y es inevitable el ejercicio del regateo, donde si lo haces bien, después de mil y una discusiones, es muy probable que te obsequien con un té moruno con todo su ritual, que consiste en tres vasos, porque el té verde con hierba buena marroquí se toma en vaso, el primero sin azúcar, amargo como la vida, el segundo dulce como el amor, y el tercero muy dulce como la muerte. Si con esta actividad aún no quedamos lo suficientemente relajados, siempre nos quedan los baños turcos, que hay varios por las cercanías.

Si te quieres ir por el ámbito cultural también tienes para dar y tomar, varios monumentos Patrimonio de la Humanidad y varios palacios y jardines de ensueño como los de las Mil y una noches, pero sin duda lo que más nos va a llamar la atención es la alargada sombra de los 70 metros del minarete de la mezquita de la Koutubia, hermano gemelo de la Giralda sevillana.

Lo dicho, si quieres dejar atrás las 1000 y 1 preocupaciones de la vida diaria, en esta bonita ciudad conseguirás sin prisa un rápido cambio de chip.

jueves, 10 de octubre de 2013

CUENCA. La dura levedad de la piedra.

Hola, bruji,

Pasear por Cuenca es pisar piedra, piedra a veces labrada, piedra a veces sin labrar, pero siempre piedra. Piedras que demuestran grandeza, piedras que un día la tuvieron, piedras que parecer levitar en el aire, pero siempre piedra. Y es que subir las duras cuestas que nos llevan a la Plaza Mayor, por no llegar aún más arriba, a las atalayas del barrio del castillo, son duras, cierto que podremos reponernos en allí en las tascas con un buen vino manchego de esos que manchan el vaso y con un rico morteruelo, paté de carnes varias, o con zarajo, algo de comer muy típico de allí cuyos ingredientes, tripas de cordero, me crearían una piedra en el estómago, para luego bajar de nuevo las cuestas con cierto tino y no chocar rodando contra una pared de piedra.

La Cuenca vieja se levanta hacia las alturas entre las hoces de los ríos Júcar y Huécar, cuyas cuencas se deslizan plácidas entre zonas rocosas, de piedra..., pero que esconden bellos bosques, pequeñas playas y frente a la ciudad, en sus riveras opuestas, se levantan algunos edificios maravillosos a la altura de la ciudad vieja, sobre roquedos de piedra, como el convento de San Pablo, pero esos roquedos, si tienes ganas de caminar un rato y explorar te pueden llevar a un pub un pelín posmoderno que está dentro de una cueva, ¿te imaginas? Tomar una copa dentro de una piedra...

Caminar por la Cuenca vieja es sumergirse en la historia. Es casi psicodélico el momento en el que subimos, casi podemos decir que escalamos, por sus empinadas cuestas que, más que casas, tienen mosaicos de colores, colores pálidos, discretos, pero variados, son los colores con los que se cubren las piedras para hacernos más leve la subida. Pero el color cambia al llegar a la Plaza Mayor, presidida por los majestuosos arcos de la catedral, ya nos encontramos con el color de la piedra, aunque cuidado, que el color de la piedra también es arte, y desde ahí ya no nos separamos más de ella. Callejuelas, callejones, capillas, conventos, rincones... nos devuelven con la edad de sus piedras a otras épocas, apartándonos del bullicio del siglo XXI para sumergirnos en un remanso de paz , de tranquilidad, sólo alterado ocasionalmente por el lucerío y los baffles de alguna tienda de artículos turísticos. Si queremos relax total para nuestro cuerpo y nuestra mente o nuestra alma, sólo tenemos que ir a donde están las casas colgadas y ver las impresionantes vistas hacia la hoz del Huécar, y si queremos eso mismo, pero sin escuchar una babelia idiomática llena de interjecciones de asombro, preparémonos para escalar más callejuelas estrechas y empinadas hasta llegar al Castillo, barrio desde el que podremos ver lo mismo desde mayor altura y en soledad casi absoluta, sólo alterada por algún grito de niño jugando, pero es comprensible y deseable, esos niños serán la historia del mañana.

Al otro lado del Huécar también hay otra Cuenca, pero ésta más moderna, donde te puedes abastecer de cualquier cosa como en cualquier ciudad y donde la piedra es testimonial, es una Cuenca muy interesante para lo noche. Hay una calle cuyo nombre no recuerdo pero que todo el mundo conoce como “la calle”, no muy grande pero llena de locales donde tomar tranquilamente una copa e incluso, si las piernas aguantan a esas alturas, bailar.

Finalmente te diré, si alguna vez llegaras a tener el corazón de piedra, espero que no, que la piedra rompe la piedra, y para eso hay que ir a Cuenca, sobre todo en Semana Santa, donde el fervor religioso alcanza cotas que ablandan cualquier impureza del alma.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

COIMBRA. La melancolía de lo gris.

Hola, bruji,


Decir que Coimbra es gris es, sin duda una exageración, incluso, si nos atenemos a las figuras literarias, es una hipérbole, es decir: una exageración desmesurada. Y la verdad es que desmesurado no hay nada pues, a pesar de la proverbial exageración de nuestros vecinos portugueses, en la periferia de la ciudad podemos encontrar un parque temático llamado el Portugal dos pequeninhos, que es una colección de reproducciones de edificios importantes de todo Portugal pero de la altura de un niño. Bueno, en la antesala tenemos otro mini parque temático sobre Portugal y sus viajeros históricos y sus relaciones con las colonias (totalmente prescindible, ni te molestes en asomar la nariz).

Decía, y me interrumpí, que decir que Coimbra es gris es una exageración o hipérbole, porque a pesar de las lluvias, no es el color dominante, pero es que gris es esa ciudad que aún siendo en alguna ocasión la capital del país, no pierde nuca el aire provinciano; que aún teniendo la universidad más importante del país, casi la única hasta el siglo XIX, no pierde el aire provinciano. Y quizás, por eso el ser gris tiene su encanto porque pasear por las calles de la zona antigua tiene su encanto, ir sorteando un montón de callejuelas empinadas (una de ella se llama Quebra Costas, algo así como “rompe espaldas”) y con escaleras cada dos pasos para ir ascendiendo a la colina que corona la universidad (que digan después que el saber no cuesta). Cierto es que por el camino podremos hacer paradas en las decenas de iglesias, o en la catedral, para poder reponernos un poco, aunque sea espiritualmente, o detenernos a contemplar las típicas fachadas portuguesas de azulejos para alegrarnos los ojos..

La llegada a la universidad es un viaje en el tiempo, no hasta esos albores del siglo XIII en que fue fundada, pero plantarnos en el Patio das Escolas (patio de las Escuelas), rodeados por los edificios que fueron definiendo la universidad a lo largo de la historia, es una hermosa mirada al pasado. Sobre los edificios que están antes de llegar a este patio es mejor hacer borrón y cuenta nueva, horrorosas moles construidas en los tiempos en los que la barbarie campaba a sus anchas, cuando Portugal padecía a un dictador llamado Salazar, quien para más escarnio, había sido catedrático en esa misma gloriosa institución. Aquí en la universidad, si somos capaces de sobrevivir a los turistas o, peor aún, a los tunos, podremos recorrer todos los edificios previo pago (¿quien dijo que el saber fuera barato?), de todos modos, yo me quedo con uno sólo: la impresionante biblioteca.

La vida universitaria marca mucho el ambiente de la ciudad y, aunque generalmente gris o aburrida, nos puede deparar alguna sorpresa. Recuerdo que una vez me metieron por una especie de garaje donde había gente jugando al futbito, y cruzado éste entramos en un portal gris y subimos hasta el segundo. En la puerta a la que llamaron mis acompañantes había un farolito (amarillo) y me empecé a poner nervioso, pero... ¿qué había dentro? Un pub muy tranquilo, lleno de estudiantes y gente joven, con fados en directo, ese fado de Coimbra, que dicen que s más dulce y melancólico que el de Lisboa. Después me enteré que este tipo de lugares suelen ser clubes privados de estudiantes y que se conocen con el nombre de repúblicas.

Creo que la Coimbra comercial no te interesa demasiado, pero te diré que no es gran cosa, así que vista la universidad y ciudad vieja, lo mejor es hacer otra excursión en el tiempo e irnos, a tan sólo unos pocos kilómetros, al antiguo Imperio Romano... que gran ciudad debió de ser Conimbriga...

domingo, 8 de septiembre de 2013

CLUJ-NAPOCA. Historia de dos ciudades.

Hola, bruji,

Aunque Cluj-Napoca es una única ciudad, bien podrían ser dos. Se hablaba del muro de Berlín como “el muro de la vergüenza” porque estaba a la vista de todos pero, claro, ojos que no ven, corazón que no siente, y en Cluj hay otro muro, y no me refiero a los restos de sus recias murallas medievales, es un muro que no se ve y que sólo es capaz de construir la ilimitada estupidez humana, y es el muro que hace que dos pueblos se odien.

Cluj, lo de Napoca es recuerdo histórico de cuando Rumania (sin tilde) era aún la Dacia romana (el Dacia sigue siendo el vehículo nacional), bien podría ser un paradigma de la multiculturalidad. Allí viven, que no conviven, gitanos, sajones, húngaros y rumanos. Los gitanos, como en casi todas partes, están tristemente discriminados, aunque no hay fiesta popular si no hay gitanos. Los sajones, luteranos, se discriminan ellos solos, tienen un poder adquisitivo muy alto y viven en comunidades muy cerradas y con costumbres casi medievales; para ellos Cluj se llama Klausenburg. Y quedan húngaros y rumanos, comunidades mayoritarias en toda Transilvania, de la que Cluj es capital, y juro que están allí, pero los unos a los otros no se ven... no existen excepto para lo malo.... Hay dos centros de culto principales: la catedral ortodoxa para los rumanos, la iglesia católica de Sfântul Mihail (San Miguel), una joya gótica del siglo XIV para los húngaros. Hay dos óperas, una de estilo neoclásico del XIX para los rumanos, justo frente a su catedral, hay una húngara en un edificio bastante feo al lado de la entrada principal del Parcul Central, el pulmón verde de la ciudad. Tienen sus barrios y sus tiendas... y, aunque suene a chiste, muchos húngaros si les hablas en rumano, no te contestan, aunque todos lo hablan porque es obligatorio en la escuela, pero si les hablas inglés, a los pocos que saben, son todo amabilidad....

Uno de los pocos puntos de cordura, con respecto a esto, lo intenta poner la Universidad, la única universidad, que se llama Babeş-Bolyai, con nombres de dos reputados científicos transilvanos, el primero rumano y el segundo húngaro, aunque después tenga distintos programas de estudio en rumano y húngaro para sus alumnos (también alguno alemán).

Una vez que conseguimos olvidar por un momento las miserias humanas, vemos que Cluj es una ciudad atractiva, es una Viena en pequeño con su trazado con del siglo XIX, quizás la época en la que tuvo su mayor esplendor, pero con muchos detalles de la “multiculturalidad” que habita en ella y con muchas muestras de la arquitectura transilvana. Tiene mucho que ver porque la historia dejó en ella muy buenos momentos, pero a veces dejó caer la zarpa de una forma miserable, pero todo eso se puede ver en cualquier guía de viajes o navegando por mil páginas de la red. Pero sí hay un lugar digno de visitar: el cementerio. Además de ser otro de los pulmones verdes de la ciudad y de tener todos los encantos un tanto selváticos de la mayoría de cementerios rumanos (es muy interesante también el de Sighişoara) que lo hacen ideal para pasear, tiene una “sección” dedicada a la Segunda Guerra Mundial donde tienes que agarrar el alma para que no se te escape ante la terrible visión de miles de cruces blancas con al leyenda necunoscut, que no es difícil adivinar que significa 'desconocido', y supongo, que no entiendo su lengua, que la misma leyenda se ve en la parte húngara, en la parte judía y en la parte rusa (hasta en los muertos hay disgregación...)

Cluj es una ciudad que enamora, ojalá sus gentes también enamoren algún día al prójimo.